Aifos Solutions All articles
Consultoría TI

Debida diligencia tecnológica: qué mirar antes de comprometer el presupuesto con un proveedor de TI

Aifos Solutions
Debida diligencia tecnológica: qué mirar antes de comprometer el presupuesto con un proveedor de TI

Photo: Richter Frank-Jurgen, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

En España se cierran cada año miles de contratos de servicios tecnológicos sobre la base de una presentación comercial impecable y una comida de trabajo. Es una forma de hacer negocios muy nuestra, y no está mal: la confianza personal importa. Pero cuando el contrato compromete a la empresa durante tres años y toca sistemas críticos, la confianza debería venir acompañada de un mínimo de verificación. Lo llamamos debida diligencia, y sorprende cuántos comités de dirección la exigen para una compra de maquinaria y la omiten para una plataforma que sostiene la operación diaria.

Fase uno: las referencias, pero bien pedidas

Cualquier proveedor razonable ofrecerá referencias. La diferencia está en cómo se piden y cómo se utilizan. Un buen ejercicio consiste en solicitar tres clientes con perfiles distintos: uno del sector de la empresa, otro de tamaño similar y, deliberadamente, un cliente que haya tenido problemas. El tercero es el que filtra. Preguntar a un cliente satisfecho confirma lo que ya sabemos; preguntar a uno que pasó por un incidente revela cómo se comporta el proveedor bajo presión.

Conviene también comprobar la antigüedad real de las referencias. Un caso de éxito de 2019 con una tecnología que hoy está en fin de vida dice poco del presente. Y en el mercado español, donde muchos proveedores operan como integradores de grandes fabricantes, merece la pena distinguir qué partes del servicio son propias y cuáles se subcontratan: la respuesta a esa pregunta condiciona todo lo demás.

Fase dos: el soporte, ensayado antes de necesitarlo

El soporte es como el seguro: solo se conoce de verdad cuando llega el problema. Antes de firmar, hay que someter al proveedor a una pequeña prueba. Solicitar el procedimiento de escalado por escrito, con nombres y tiempos de respuesta comprometidos, no en horas «laborables» definidas a conveniencia. Preguntar qué ocurre un viernes a las 19:00 cuando cae el sistema de facturación, porque los sistemas no suelen caer los martes por la mañana.

También conviene mirar la rotación de personal técnico. Un proveedor que cambia de consultor cada seis meses obliga al cliente a explicar tres veces lo mismo. Preguntar por la antigüedad media del equipo asignado, y pedir que el mismo equipo que hizo la propuesta sea el que ejecute el proyecto, es una cláusula que se puede pactar y que evita sorpresas.

Fase tres: la cláusula de salida, la más ignorada

Nadie firma pensando en la ruptura, pero es precisamente el momento de negociarla. Una salida bien pactada incluye la entrega completa de la documentación, el acceso a los datos en formato abierto y no propietario, un periodo de traspaso razonable y la ausencia de penalizaciones desproporcionadas. Si el proveedor se muestra reticente a definir por escrito cómo se disolvería la relación, esa reticencia es información valiosa.

El caso español de las aplicaciones de gestión heredadas es ilustrativo: empresas que llevan una década pagando mantenimiento a un software del que nadie más que el proveedor inicial conoce el código. La dependencia no siempre es evitable, pero sí debería ser consciente y estar reflejada en el precio.

Las preguntas incómodas que ordenan la sala

Algunas preguntas, planteadas con cortesía pero sin rodeos, separan a los proveedores serios de los vendedores de humo:

Las respuestas importan menos que la reacción. El proveedor profesional agradecerá la concreción; el que responde con una sonrisa y una diapositiva más de PowerPoint probablemente no haya hecho ese ejercicio nunca.

Un último apunte sobre el precio

La regla de que lo barato sale caro es cierta, pero su opuesta también engaña: el proveedor más caro no es necesariamente el mejor, solo el que mejor calcula su margen. La debida diligencia no consiste en elegir el presupuesto más bajo ni el más alto, sino en entender qué hay detrás de cada cifra: horas reales, perfiles reales, compromisos reales.

En Aifos Solutions hemos visto los dos extremos: pymes que firmaron demasiado rápido y arrastran sistemas que nadie quiere tocar, y empresas que dedican tres meses a evaluar y después ejecutan sin fricción durante años. El tiempo invertido antes de firmar es, con diferencia, el más rentable de todo el proyecto.

All Articles

Related Articles

La palabra que falta en muchas reuniones comerciales: el arte de declinar proyectos en la consultoría española

La palabra que falta en muchas reuniones comerciales: el arte de declinar proyectos en la consultoría española

Cuando la segunda generación hereda un servidor del año 2009: el relevo tecnológico en la empresa familiar española

Del papel a los doscientos mil: anatomía de un proyecto de consultoría que funcionó

Del papel a los doscientos mil: anatomía de un proyecto de consultoría que funcionó